Edvard el loco
En la batalla contra ti mismo tal vez seas tu quien deba perder y esa será tu victoria
Tal vez no tengas razón y tengas que reconocértelo.
Dentro de ti, tú sabrás quién gana y quién pierde,
y celebrarás la victoria con el sabor amargo del café.
Cuando piensas solo en ti,
el cielo se cubre de niebla y tu corazón palpita en la oscuridad.
Es mejor pensar: ¿cómo están los demás, o cómo estamos nosotros?
Los hombres de las ciudades bajaron a nuestros pueblos,
y ellos hablaban de sus tierras y sus animales;
pero nosotros decimos que somos de la tierra.
Fui a un país extranjero,
y ellos estaban realmente orgullosos porque habían acabado con el problema de la pobreza.
¡por Dios que erradicaron el problema, jajaja!
¡
Eliminaron la palabra, señores!
Y un tiempo después, se me ocurrió una idea:
¿y si eliminamos de nuestra lengua la palabra “yo”?
Pero, enseguida, entré en razón:
solo tenemos que desmenuzar y poner en su sitio la terrible brutalidad del discurso.
Y no cabe duda:
hemos de ser poetas.
No hablo de alta cultura y cosas que enaltecen la vanidad:
yo sé más, yo tengo cultura, oh.
Escribí un poema para pensarme:
“Yo no soy yo; yo soy mucho más que yo”.
Y, aun así, nunca fui realmente quien creí ser:
fui quien fui. ¿Quién fui? ¿Quién fui?
Yo, soy yo.
Entonces, ¿quién es más tonto de los dos? ¡Jajajaja!
¡Hombres, entended!
Soy Edvard el loco: me quité la máscara, la tiré al suelo, y yo también caí.
Me preguntan a menudo:
¿Quién soy sin mi disfraz?
Y yo les digo: un fantasma. ¡Jajajaja!
Somos fantasmas que se congelaron en la intemperie.
Me dijo un psiquiatra que yo tenía la culpa de todo.
Y yo contesté que yo no era Dios.
Ella me dijo: “¿Qué tiene que ver Dios en todo esto?”
Contesté: “No tengo ni idea de cómo funciona mi cerebro, ni mis ojos, ni mis manos, ni mi pensamiento, ni mis cuerdas vocales… y aquí estoy dialogando”.
Ella dijo: “No creo en Dios”.
Yo dije: “No hace falta creer para que exista”.
Te digo, oh humano:
estáis buscando cosas y midiéndolas,
pero… ¿y si eso no es una cosa?
No sé si es oscuro o es la rendija por donde fluye la luz.
¿Es el espacio parte de nosotros?
¿No es así?
Entonces, imaginen no-espacio.
¿Qué hay más allá del espacio y del tiempo?
Yo digo: tú eres la vida, y eso incluye todo.
Parece que los profesores nos enseñan lo mismo a Parménides que la mecánica de un coche o un dato de la historia:
el caso es acumular datos, y no sé muy bien para qué.
Trabajar, ser eficiente, ganar dinero, estatus, vivir cómodo.
Pero, ¿y si el conocimiento fuera otra cosa?
Tal vez Parménides apuntó a la realidad antes de que viéramos Matrix en el cine.
La esfera infinita, y en el centro: tú.
Comentarios
Publicar un comentario